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La esperanza es lo último que se pierde

Sacabó er mundiá

 

Por fin.

Se terminó la dosis de anestesia.

En tiempos de la oscura y patética España de Franco, se montaban partidos del Madrid cuando la situación en la calle era preocupante y casi nadie salía a manifestarse; hoy día la peña se manifiesta más bien poco y por pocas cosas (ya semo uropeo ricos, oiga) pero el futbol sigue levantando las más bajas pasiones que explica la psicología de masas.

Algunos gobiernos, como el alemán, han aprovechado para subir impuestos impopulares aprovechando la euforia del puñetero mundial. El petroleo se ha puesto por las nubes. Etcétera.

Y el mundial se ha acabado como casi siempre, con los entendidos de fútbol que no han acertado ni una, una vez más, con la selección italiana ganando como lo hacen siempre, sin jugar a futbol, con triquiñuelas sucias y con la lotería de los penalties. Con un "señor" del balompié que le arrea un cabezazo a un italiano por insultarlo. Y así un largo etcétera, pero sobretodo con la selección española como siempre, vendiendo humo, destapando la euforia de los descerebrados que salen a dar gritos a la calle hasta que se les pasan las ganas de hacerlo cuando le toca jugar a la selección contra un equipo medianamente serio como Francia y con un país, éste, que acaba apoyando al equipo italiano porque Francia eliminó a España, porque los franceses no caen muy bien y porque italianos y celtíberos en cuanto a desorden y otras "virtudes" son primos hermanos.

Casi no se ha hablado de la guerra de Iraq, el problema nuclear Corea-Japón-USA, ni otros temas que deberían atraer la atención. Pero ahora que se ha terminado el rollo éste, por fin se va a hablar de cosas serias.

Por ejemplo, de los nuevos impresentables de encefalograma plano de gran hermano, de quien se folla a quien y cómo lo cuenta luego y cuánto cobra por ello, de alguna otra folklórica de turno que vaya usted a saber qué le pasa y de cómo se ha adelgazado la gorda de OT en su último video.

Es lo que hay. Flipo. No ha cambiado nada en los últimos 30 años de dedocracia.

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