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La esperanza es lo último que se pierde

Tempus fugit

Tempus fugit
Hace algo parecido a 30 años que irme a buscar el pan algunas mañanas era una oportunidad de salir a la calle solo y además comprarme siempre alguna pasta a mi gusto, no al de mamá.

En aquella época, y en una ciudad, el pan sólo se compraba en panaderías que servían al cliente hasta las 2 de la tarde como mucho. A partir de esa hora no encontrabas una panadería abierta ni pan en ningún sitio que no fuera un bar. Las pastelerías servían pasteles y golosinas. Las gasolineras, estaciones de tren e hipermercados eran lugares impensables para encontrar pan recién hecho (bueno, los hiper ni existían). De aquella época recuerdo ver con sorpresa en la series americanas los drugstores donde a cualquier hora el 'prota' se comía un donut o una especie de frankfurt que siempre iban a parar a la papelera porque había una emergencia o bien se pillaban unas birras de madrugada (ésto último lo hacía sólo el malo maloso o un poli que acababa de entregar 'la placa y la pistola, Hutch'). ¿Una tienda abierta a las 3 de la mañana?

Todo este rollo me ha venido a la mente mientras leía un artículo sobre el tiempo perdido y los turnos de trabajo. Me he parado a pensar en el cambio laboral que he hecho después de muchos años de trabajar a la española, o sea, con un horario partido, con demasiado tiempo para comer al mediodía (prensa, café, copa y puro) y una tarde de vuelta a la faena con la tripa llena y luchando contra el sueño. Hace menos de 3 años me levantaba a las 6.30, cogía el coche a las 7 y casi conducía a pie-chapa para llegar a la capital antes de la caravana de las 8. Entraba a las 8.30, tenía 2 horas para comer, y salía pasadas las 6 de la tarde. Llegaba a casa después de las 19. Al final podía dejarme caer muerto en el sofá después de más de 12 horas fuera de casa, más de 2 al volante. Eso los días que todo iba bien (el tráfico rodado y renfe son dos de los misterios más grandes que he conocido aparte de las mujeres y dónde va a a parar lo que pagas a hacienda). Si no iba bien la cosa, podían ser más de 14 horas fuera cuando realmente había dedicado sólo 8 a trabajar. El resto era tiempo perdido, esa era la sensación. Y la realidad.

Yo era un 'project manager de redes multimedia y olé' en una multinacional de locos , cargado con trabajo a casa día sí día también y con un móvil que sonaba día y noche... A veces lo oía sin que sonara.
Ahora trabajo en turnos. Tengo un trabajo que no tiene mucho valor añadido y bastante rutinario. Y estoy encantado. El trabajo a 15 minutos, 8 horas de tirón y pa' casita. Total, 8.5 horas diarias dedicadas al trabajo y bastantes horas libres cada día, que dan mucho de sí. Mi horario es turno americano. Aunque trabaje algunas noches y algún fin de semana, compensa, y mucho. Lo del finde, la verdad es que en el fondo me da igual viviendo en una zona turística donde lo que quieres es poder salir, comprar y hacer lo que sea sin encontrarte una manada de camacus en chándal haciendo cola en todas partes. Y parece que esa es la tendencia; hacer algo que no te estrangule con más responsabilidad y más horas de las necesarias y que tu tiempo libre sea para tí y los tuyos.

Los europeos alucinan al vernos cenar a las 10.30 de la noche. En Francia, Alemania, etc, se despiertan temprano, comen a mediodía y a las cinco de la tarde están camino de casa. Máximo una hora para comer, con la posibilidad de hacerlo en 30 minutos y salir así 1/2 hora antes. Fuera se trabaja menos horas y se produce más.

Este horario a la española es producto de la guerra civil. En aquella España posterior al conflicto, aún más durante la etapa del desarrollismo y el 600, para poder llegar bien a fin de mes se practicaban deportes de riesgo como el pluriempleo o la escalada de montañas de horas extras. Estaba mal visto, cuando no prohibido, que la mujer hiciera algo más que estar 'en casa y con la pata quebrada'. Ella era el reposo del guerrero, la amante esposa y madre eficaz cuyo hombre ibérico empleaba todo el día en trabajar. El mediodía consistía en una larga comida y una siesta aún más larga, para aguantar lo que se venía encima por la tarde. La actual configuración del horario laboral hispano sigue siendo machista, antigua y poco productiva.

Tengo una amiga alemana que trabaja en la Nestlé de Esplugues. Está encantada porque come allí y además más rápido y barato que fuera. Además tiene un margen de elección de casi 2 horas para entrar (entre 7.30 y 9.30 creo) y salir en función de cuando ha entrado. MRW, la empresa de "mensacas", subvenciona la guardería de menores de 3 años y tiene una gran flexibilidad en temas horarios. Lógicamente hay muchas solicitudes para entrar allí y además me consta que hay preocupación por las inquietudes de los curritos en ese sentido. Se da para recibir. Pero esto es algo que a los dinosaurios jerárquicos de toda la vida aún les cuesta entender. Son los jefes chusqueros, que a alguno oí decir "yo me paso todo el día aquí y no ando pidiendo horas para llevar el nene al médico". Claro que con 2400 euros de nómina mensual, mujer SL (sus labores) y empleada de hogar cualquiera puede decir esas barbaridades y encima quedarse tan satisfecho de su propia estupidez. A ellos, los viejos jefes, les daba igual porque los jefes malos son los que se pasan el día entero en la oficina. Los he conocido toda la vida y siempre he pensado que si alguien necesita una jornada de 12 horas para hacer el trabajo de 8 es que algo anda mal, o en la empresa o en su vida. Aunque algunos de ellos, al conocer a sus mujeres (vale, sexista, sí) comprendí perfectamente que quisieran llegar tarde a casa.

Parece que, poco a poco, no sólo la sociedad sino los políticos (los últimos en enterarse y hacer algo aunque luego no lo vendan así) se están dando cuenta de que uno trabaja más y mejor con flexibilidad de horarios, con turnos seguidos que no partidos, simplemente con la posibilidad de elegir. Permitir que los trabajadores puedan hacer las 8 horas continuadas o gestionarse la hora de la comida significa que la empresa funcione realmente mejor y durante la hora de comer siempre habrá alguien disponible, no como en las empresas "de toda la vida" que a mediodía todo el mundo 'salió a comer'. Eso redunda en una mejor productividad y mejor atención al cliente. Lo que ocurre es que de eso se dan cuenta los que mandan cuando las estadísticas arrojan datos como que fuera se trabaja menos horas y se produce más, cuando el mundo se globaliza y se compite contra otros a cientos de kilómetros. En la cerrada y proteccionista España franquista eso difícilmente ocurría.

La flexibilidad de horario en el comercio se está empezando a estudiar seriamente y a aplicar contra tópicos, que siempre encierran prejuicios. Se apunta a tener más horas abierto pero con empleados que no tengan que estar con turnos partidos al pie del cañón. Es mejor cubrir 12 horas completas, con un empleado de 9 a 17 y otro de 13 a 21, que dedican realmente sólo 8 horas seguidas a trabajar y tienen más tiempo libre, que no los dos haciendo el típico de "9 a 1 y de 5 a 9" con la sensación de pasar todo el santo día currando. Afortunadamente empieza a cuestionarse este modo 'hispano' de trabajar.

La panadera y su marido, del principio de este post, se levantaban a las 5 de la mañana y no terminaban su trabajo hasta las 7 de la tarde (no sólo vender el pan, había que cocerlo antes de abrir y dejar preparado todo lo del día siguiente después de cerrar). Y no daban servicio por la tarde. Aquella buena mujer (siempre me regalaba un caramelo) y su costillo ya está jubilados pero hoy la panadería funciona desde las 8 hasta las 20.30 llevada por sus hijos que trabajan menos horas porque se reparten el horario y no se dan las palizas que se daban sus padres. Es un caso muy local, pero demostrativo de que está cambiando, y debe cambiar, la mentalidad. Y más ahora que la mujer no suele estar en casa, sino que trabaja porque el coste de la vida ha subido demasiado en comparación a lo que lo han hecho los sueldos y, desde luego, porque tener hijos ha de significar poder conciliar la vida laboral y familiar. Para ellas y para ellos.

Tiene que acabar el hecho de estar mal visto irse antes que el jefe y que sea un problema pedir baja maternal o media jornada, que te miren mal por solicitar que se acorte el horario de comida para salir antes o querer desplazar las 8 horas para poder llevar los niños al cole y tiene que empezar a estar bien visto que las empresas faciliten guarderías, comedores y otros servicios. En el fondo se demuestra con los datos en la mano que si afuera trabajan menos pero producen más, mejor y más a gusto, es sólo por el reparto del tiempo porque al fin y al cabo las 40 horas semanales no nos lo quita nadie desde finales del siglo XIX.
Y parece que así será mientras los días duren 24 horas.
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