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La esperanza es lo último que se pierde

Titanic

La memoria del 'Titanic' queda en manos de una única superviviente

1. • Millvina Dean se convierte en la última pasajera del barco que queda con vida
2. • Barbara West, que falleció en octubre, nunca quiso evocar en público la tragedia
 


RAFAEL TAPOUNET BARCELONA El Periodico de Catalunya
El R.M.S. Titanic, orgullo de la industria naviera británica, zarpó el 10 de abril de 1912 del puerto de Southampton con 2.214 personas. A las cuatro de la madrugada del 15 de abril, cuando el R.M.S. Carpathia llegó a la zona donde poco antes había tenido lugar el naufragio más célebre de la historia, apenas encontró a 705 supervivientes. De todos ellos, ya solo queda uno. La muerte, el pasado 16 de octubre, de Barbara West Dainton ha convertido a Millvina Dean, de 95 años, en la única persona que viajó en el Titanic y hoy vive para contarlo. Aunque no es mucho lo que esta dama inglesa puede contar de primera mano, pues en el momento de la tragedia tenía dos meses.
La familia de Barbara West Dainton no quiso hacer público su fallecimiento hasta el jueves pasado, tres días después del funeral que despidió a la penúltima superviviente del Titanic en la catedral de Truro, en el condado inglés de Cornwall. West Dainton, nacida en Bournemouth en 1911, tampoco conservaba recuerdos de la noche en que el transatlántico se hundió en el océano tras colisionar con un iceberg --tenía 10 meses y 22 días--, pero gracias al relato de su madre, repetido una y otra vez, conservaba en la memoria la imagen de su padre, Edwy Arthur West, saludando con la mano desde la cubierta inclinada del buque mientras el bote salvavidas número 10 en el que viajaban su esposa Ada y sus hijas Barbara y Constance se alejaba rápidamente. El cuerpo del señor West jamás fue identificado.

A diferencia de Millvina Dean, que a lo largo de sus 95 años de vida ha participado activamente en todo tipo de actos y conmemoraciones relacionados con el Titanic, Barbara West Dainton nunca quiso que su nombre se asociara con la tragedia y fue ella misma quien solicitó que el anuncio público de su muerte no se hiciera hasta después del funeral para evitar que el interés que despierta todo lo relacionado con el hundimiento salpicara de algún modo las honras fúnebres.
"Quisimos respetar su privacidad --señaló Karen Kamuda, dirigente de la Sociedad Histórica del Titanic--. Hoy día a la gente le resulta natural hablar sobre sus vidas, pero los supervivientes de aquella época a menudo prefieren no exponer en público sus emociones".
No es ese, desde luego, el caso de Millvina Dean, la última del Titanic, cuyo gran deseo es llegar a presidir los actos de celebración del centenario del naufragio que tendrán lugar en abril del 2012. Nacida el 2 de febrero de 1912 en Southampton, Millvina (cuyo nombre real es Elizabeth Gladys) era el pasajero más joven del barco. Viajaba en tercera clase junto a sus padres y su hermano mayor rumbo a Estados Unidos, donde la familia tenía el propósito de establecerse y abrir una tienda de tabaco. Como en el caso de Barbara West, la madre y los dos niños pudieron acceder a uno de los botes salvavidas. No así el padre, Bertram Frank Dean, quien permaneció a bordo e inscribió así su nombre en la lista de las más de 1.500 víctimas mortales del desastre.
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