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La esperanza es lo último que se pierde

Mujer, musulmana y libre…

Mujer, musulmana y libre…

Algunos de los (pocos) que leen este blog me dicen que echa un tufillo antimusulmán sospechoso de alguna palabreja que lleve el sufijo ‘fobia’. Es lógico que a veces al escribir cosas políticamente incorrectas suene mal. Pero no es fobia, es rabia. Y no contra los árabes. Ni mucho menos.

Resulta que los fundamentalistas y yo no nos llevamos bien. Más que nada porque me eduqué en un colegio de curas y precisamente por eso me he cuestionado la religión desde que pude hacerlo, aunque corriese el riesgo de ir de cabeza al infierno, con tantos otros como yo y bajo la terrible pena de que ese dios castigador que me vendían, el mismo que te dejaba ciego si te la meneabeas, no me iba a perdonar nunca, aunque luego me dijeran que él era todo amor. En fin, uno no puede crecer sano sin abstraerse de semejantes esperpentos con sotana jodiéndote la vida y la libertad de pensamiento. Pero hay que sacar lo positivo de lo peor y más en este caso, pues el tema de lo intangible siempre mueve pasiones irracionales.

Así que si ya me caen como una piedra en el ojo los curas sotaneros, los fundamentalistas católicos, peor me caen los fundamentalistas del islam, los integristas, los religiosos, los que creen que la religión es necesaria para vivir. La religión prostituye la fe que pueda tener cada uno, la transforma según los intereses de unos pocos y acaba convirtiendo al individuo en masa. O pulpa, según el resultado.

A lo largo de la historia, las religiones lo que han hecho ha sido unir a unos individuos… contra otros. Ayudar a los fieles… en detrimento de otros, los infieles… Vender el cielo a unos… mientras otros irían al infierno…. y a ver quién da más por menos. Por una moneda de oro, te libro de pecado. La nueva versión de Judas.

Por eso me cuesta entender que haya quien viva y -más aún- mate por una idea religiosa. De entrada es un pobre diablo, además de un hijoputa. Se puede morir por una idea –dijo no sé quien- pero nunca se puede matar por ella.

Mientras que el mundo occidental poco a poco empieza a despertar de una edad media basada en el integrismo, la incultura y el miedo, el mundo islámico sigue en sus trece anclado al pasado. La religión es lo más importante, los derechos humanos un segundo plano, la mujer…. buf, la mujer.

Estoy leyendo un libro de los que ponen los pelos de punta: “Mi vida, mi libertad” de Ayaan Hirsi Ali. Mujer, musulmana y libre… viviendo en el mundo occidental, claro. Sino sería mujer, musulmana y esclava.

Los occidentales seguimos siendo unos bárbaros en el camino de dejar de serlo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, aunque seguramente habrá de dar explicaciones por ello. Se empieza a pedir explicaciones a la iglesia por las atrocidades que ha cometido (y comete) y el peso de los derechos humanos va creciendo.

Los musulmanes tiran la piedra convencidos de que ellos son los justos, los fieles, los buenos, los santos, los que están en posesión de la verdad. Y al que se atreva a chistar le montan una fatwa que te cagas.

La diferencia es que muchos occidentales pasamos de religión y en nuestra fe sólo existe el respeto a los demás siempre y cuando ellos hagan lo mismo y no sean de los que van jodiendo al personal, e incluso así se pide para ellos un juicio previo.

Y nadie nos quiere cortar la cabeza u otra cosa por pensar como queremos, incluyendo no tener un dios impuesto por razones meramente geográficas. En fundamentolandia o muslimland eso es, en el siglo XXI, todavía impensable.

Así que no soy antiárabe. Simplemente la puta cura vaticana y los putos ayatolas me tocan la pirola (vaya, no he podido resistir el chiste fácil). Pero los segundos más, porque los primeros no admiten críticas, pero se las han de tragar. Los otros te hacen matar por ello.

¿Por qué será que tanto los poderosos como las religiones temen tanto a la cultura?

 

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